El avance vertiginoso de la tecnología nos demuestra
que la computadora y la internet se han convertido en factores importantes en
nuestras vidas. Nos
encontramos ante una nueva cultura que conlleva a cambios en las formas de ver y
entender el mundo, que ofrece nuevos sistemas de comunicación interpersonal de
alcance universal, que proporciona medios para realizar nuestro trabajo en
cualquier lugar, y que presenta nuevos valores y normas de comportamiento. En
este sentido, la escuela ha pasado en poco tiempo de ser un espacio
eminentemente monocultural a ser un contexto multicultural que demanda la
integración plena de las tecnologías de información y comunicación como
herramientas claves para el desarrollo de un aprendizaje significativo y
relevante.
Si hacemos una breve reseña de los procesos de aprendizaje
de la lectura y escritura, con la que aprendimos en la escuela tradicional, nos podemos dar cuenta que en
estos tiempos han variado radicalmente. El uso de la tecnología principalmente
de la computadora y de la internet han cambiado completamente los esquemas de
estos procesos didácticos. Las formas de leer y escribir en este siglo están estrechamente
ligadas a la tecnología, los libros y textos analógicos han dejado de ser
motivantes para la lectura; la mayoría de los estudiantes, prefieren hacerlo digitalmente; aunque,
con muchas deficiencias. Pero qué es mejor, ¿aprender a leer en forma analógica
o digital?, pienso que la respuesta está clara, los estudiantes y demás personas deben aprender a
leer tanto en el formato analógico como en el digital porque ambos sistemas se complementan
y mutuamente se enriquecen.
Bajo esta perspectiva ¿cuál es el rol de la escuela y
los docentes? Los docentes a nivel digital tenemos la necesidad de estar
preparados para insertar estas tecnologías en nuestro quehacer pedagógico, usar
y crear aplicaciones que ayuden a los estudiantes a comprender este fascinante
mundo de las nuevas tecnologías de información y comunicación; pero, enfocados a
adquirir competencias comunicativas que mejoren la práctica de la lectura y escritura, ayudando a los estudiantes a manejar adecuadamente estas
herramientas electrónicas para adaptarse a las nuevas prácticas
comunicativas; ya que éstas, requieren de muchas competencias y habilidades para desplegarse en el mundo virtual; como por ejemplo: para manipular y
utilizar diversos motores de búsqueda, seleccionar, analizar y discriminar la amplia gama de información
que nos presenta Internet al momento de navegar, en un medio donde da la impresión que la
información es inagotable. Es por ello que la enseñanza con estos recursos
no debe estar enfocada a un simple manejo mecánico de los mismos; al contrario, la formación que debemos dar a los estudiantes está en el sentido de aproximarse de manera eficiente a la tecnología, lo que no tiene tanto que ver con ayudarlos a adquirir conocimientos generales de cómo
usar la tecnología; sino que, fundamentalmente de cuáles son las implicancias
de estas formas de comunicación en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por lo tanto, no podemos ser indiferentes a estos cambios, tenemos que aceptar y asumir que la escritura digital empieza a ser ya tan
importante como la analógica y su futuro es incuestionable.
Finalmente, recalcar que nuestro nuevo rol docente es el de
enseñar y orientar a los estudiantes a utilizar adecuadamente la tecnología y redireccionar este proceso, ya que en la actualidad los estudiantes utilizan el lenguaje
escrito (principalmente en las redes sociales), obviando todo tipo de reglas.



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